CRÍTICA DE VIERNES 13
VIERNES 13
Ficha
técnica:
Director:
Sean s. Cunnigham
Guión:
Victor Miller.
Reparto:
Betsy Palmer, Kevin Bacon, Adrienne King, Harry Crosby, Laurie
Bartram.
Año:
1980
Reseña:
En
1980, el director Sean S. Cunnigham, que ya había tenido contacto
con los asesinos en serie produciendo "La última casa a la
izquierda", y el guionista Victor Miller, en el que sería su
primer guión en solitario (aunque recibiera la ayuda de Ron Kurtz,
sin acreditar), se propusieron crear una película de terror para
adolescentes que fuera un éxito inmediato, tal y como había
ocurrido con "La noche de Halloween", dos años atrás.
Para
ello, y pese a quien pese, es cierto que decidieron tomar los mejores
elementos de la obra maestra de John Carpenter: un asesino solitario
y silencioso, escenas de muerte en primera persona y un grupo de
adolescentes, más preocupados por el sexo que por sus obligaciones.
Muestra de tal plagio es la escena inicial, casi un calco de la
primera escena de Halloween: una pareja joven está en un desván,
empezando a enrollarse. Mientras escuchamos sus voces y gemidos, la
cámara en primera persona avanza escaleras arriba. Sabemos qué va a
pasar, aún así, es un momento de tensión muy conseguido. Esas dos
muertes al inicio de la película son un punto de partida prometedor,
aunque nos estemos dando cuenta de que vamos a ver una estructura
argumental similar a la película que dio la fama a Jamie Lee Curtis.
Sin
embargo, hemos de reconocer muchas virtudes a la película de Sean S.
Cunnigham.
Primero,
su ambientación: Cristal Lake es un lugar misterioso, con su propia
maldición y su leyenda. Fue todo un acierto enmarcar la película
en un campamento de verano, con su lago, sus cabañas de madera y sus
muchos rincones entre los árboles donde pueden acechar los peligros.
Los campamentos de verano son, por naturaleza, lugares donde los
niños se vuelven hombres y los hombres no son más que adolescentes.
Aquellos que hayan tenido la suerte de ir de campamentos sabrán que
es una experiencia magnífica, pues no hay padres, los monitores
suelen ser gente joven, además estás en contacto con la naturaleza,
que hace fluir los instintos más salvajes y competitivos de los
seres humanos. Es verano, hace calor, hay chicos y chicas, las
hormonas se revolucionan, ¿acaso se puede pedir un ambiente mejor
para que un asesino en serie actúe?
El
segundo logro de la película es la invención de su propia leyenda.
Al comienzo, ya hay un viejo loco que advierte a una joven sobre la
maldición de Cristal Lake. "Vas al campamento sangriento, ¿eh?
Nunca volverás, chica." Dice el pobre con poco poder de
convicción. Poco a poco nos vamos enterando de más datos sobre lo
ocurrido: dos chicos fueron asesinados en 1958, un chico se ahogó en
1957, en 1962 el agua estaba envenenada, en otras ocasiones hubo
incendios. ¿Qué pasará en ese campamento?
Ahora
que han pasado más de treinta años y ya conocemos todos la historia
de Jason Voorhes, no nos sorprende pero, a aquellos afortunados que
fueron a ver el estreno de Viernes 13, me imagino que el argumento
les debió parecer novedoso y sorprendente. La manera en que se va
creando su propia mitología y cómo encaja todo al final es
magnífica.
Y
ahí viene el gran logro, la brillantez, la fama de Viernes 13: su
apoteósico final. Si Sean S. Cunnigham y Victor Miller hubieran sido
convencionales, simplemente nos habrían contado una historia sobre
un grupo de jóvenes que van muriendo, a manos de un despiadado y
anónimo asesino, como pasaba en numerosas producciones del género.
Mas, ellos prefirieron dejar lo mejor para los últimos minutos de la
cinta.
Lo
que viene a continuación es un Spoiler, si no has visto Viernes 13,
no sigas leyendo.
Cuando
todos los demás monitores han fallecido, Alice permanece encerrada
en una de las cabañas, armada con un bate de baseball, desesperada
por no saber qué hacer ni qué ha ocurrido. En ese momento, unos
faros aparecen a lo lejos. Ella, creyendo que se trata del dueño del
campamento, abandona la seguridad de la cabaña. No obstante, la
persona que baja del coche no es Steve, sino una mujer de aspecto
amable que se presenta como la señora Voorhes, una vieja amiga.
No
sé si el público que veía la película se olía el final, sin
embargo, yo reconozco que, la primera vez que pude ver Viernes 13, no
tenía ni idea de que esta dulce anciana, que bien podría ser
nuestra madre, era la asesina. Durante unos minutos, la señora
Voorhes nos despista, con esa voz cándida y sorprendiéndose de los
asesinatos. Es entonces cuando nos va revelando la verdad.
Un
niño se ahogó en el lago, mientras los monitores no miraban porque
estaban haciendo el amor. La señora Voorhes era la cocinera del
campamento y, además, la madre de aquel desafortunado, que no sabía
nadar. Por eso, mató a la pareja de monitores y, durante todos estos
años, ha estado haciendo lo imposible porque el campamento
permaneciera cerrado, escuchando en su cabeza los gritos de su hijo
Jason, que la anima a que asesine a cualquiera que llegue a Cristal
Lake.
Toda
una revelación, que la pobre Alice no esperaba.
Tras
ese formidable discurso, comienza la típica pelea, persecución y
enfrentamiento final, entre las dos mujeres. Todo ello a la vez que
la señora Voorhes, poniendo la voz de Jason, dice una y otra vez:
“mátala, mamá, mátala.”
El
lago será testigo de esa lucha, en la que Alice consigue sobrevivir,
cortándole la cabeza a su enemiga, con un enorme machete, que con
los años se convertirá en el arma favorita de Jason.
Hasta
aquí, si en ese momento hubieran puesto los títulos de crédito,
habríamos tenido una película de terror notable, pero no
sobresaliente. Sin embargo, conscientes de que dejar la puerta
abierta para una posible secuela era lo más lógico, hay un añadido
final, una escena que pilla por sorpresa y nos hace temblar en
nuestros asientos: Alice, montada en una barca, surca el lago toda la
noche. Ya, de día, agotada por lo acontecido, observa
afortunadamente que llega la policía. La música, del gran Harry
Manfredini compositor de numerosos títulos de terror, es calmada y
da una sensación de tranquilidad. Es entonces cuando una monstruosa
figura surge del lago, agarra a Alice, vuelca la embarcación y la
sumerge en las sucias profundidades.
La
siguiente escena es en un hospital, Alice despierta gritando. ¿Ha
sido un sueño o realmente aquel niño que se ahogó sigue vivo? La
policía le dice que no han encontrado ningún niño en el lago, pero
ella afirma que aún sigue allí. Fundido al negro.
Sin
duda, se habían plantado las semillas para futuras secuelas y, sobre
todo, para crear a ese psychokiller, uno de los más famosos del
cine, conocido como Jason Voorhes.
Viernes
13 fue todo un éxito en el verano de 1980, costó apenas 700.000
dólares y recaudó, solo en Estados Unidos, 39 millones de dólares,
superando incluso a “El Resplandor” en número de espectadores.
La crítica del momento fue dura con la película, pero poco le
importó a la productora tras las ganancias.
La
banda sonora de Henry Manfredini también fue uno de sus aciertos.
Hoy día todo el mundo reconoce el característico ki,
ki, ki, ki, ma, ma, ma, ma, con
la cámara en primera persona, profetizando la muerte de algún
muchacho ingenuo. Por cierto, esas sílabas son producto de una de
las frases más famosas de la película, que antes hemos citado:
“mátala, mamá, mátala” (en inglés, kill
her, mommy, kill her).
En
1981, llegaría la secuela, infinitamente inferior, aunque su
protagonista sí fuera ya Jason Voorhes. Pero eso, es otra historia.
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