BRINDIS
Ross, Juanki, Papá,
Mamá, Pedro, mi amor Fran, familiares y amigos, muy buenas noches a
todos. Bienvenidos. Hoy, sábado 26 de julio de 2014, nos hemos
reunido aquí, muy guapas las chicas, muy arreglados los chicos, para
conmemorar un momento muy especial en nuestras vidas... ¡mi brindis!
Que para eso me he puesto tan elegante.
No, en serio, no os
quiero quitar protagonismo, chicos, éste es vuestro momento, aunque
sea yo la voz cantante y, con esto, no quiero decir que vaya a
cantar, que sino saldríais todos espantados. La verdad es que
estamos todos juntos, la familia y los amigos, en este precioso lugar
por vosotros, Ross y Juanki, para celebrar que vosotros dos ya estáis
casados, que ya sois marido y mujer, que ya formáis una familia, un
vínculo difícil de romper... y que yo ya estoy nerviosa por tener
que hablar en público ante tanta gente. Porque se habla de los
nervios antes de la boda, pero nadie menciona los nervios durante el
brindis, que son aún mayores. ¡Menuda responsabilidad! Tener que
hablar de Ross y Juanki, de estos dos aventureros, estos dos
chistosos, de estos dos inquietos, porque mira que viajan, ¿eh? Que
viajan más que Willy Fog con bonobús. Es que ellos dos han visto
más mundo que el rosario del Papa.
Bueno, chistes aparte,
voy a ponerme seria y a decir unas palabras, que seguro que les
llegan al corazón, unas palabras que me llenan de orgullo, porque no
se puede estar más orgullosa de estos dos aventureros locos.
Voy a empezar diciendo
que Ross y Juanki son... (haces una pausa) como de la familia,
como si él fuera un hermano para mí. Sí, sí, y digo como un
hermano, porque quien nos viera puede pensar que es mi mejor amigo,
mi confidente, la persona en la que siempre he podido apoyarme, ese
pilar que me ha sostenido más de una vez... y más de dos y más de
tres. Es que eres de verdad ese colchón sobre el que he caído en
muchas ocasiones y que ha conseguido que no me venga abajo. Juanki,
tú sabes que siempre has sido una de las personas que en todo
momento ha estado ahí, que siempre me ha querido como soy y que
siempre, siempre, ha compartido todo conmigo, lo bueno y lo malo...
sobre todo lo malo... porque mira que he cargado yo veces con tus
culpas, ¿eh? ¿Cuántas regañinas de papá y mamá me he llevado yo
por cubrirte cuando éramos más pequeños? Pero, a pesar de todo,
tengo tanto que agradecerte, que creo que todavía te debo algo más
y te lo voy a dar ahora mismo. (en ese momento lo ideal sería
acercarte a él y darle un abrazo) ¡Te quiero, Juanki! ¡Y no
cambies nunca, que me gusta que seas una cabra loca!
Por otra parte, Ross, tú
sí que eres como una hermana para mí. Esa hermana que nunca tuve,
porque me crié entre estos dos brutos... bueno, solo uno, un bruto,
Juanki, porque Pedro sí que era bueno de verdad y un hermano muy
correcto. Ross, dicen todos que mi hermano tuvo mucha suerte al
conocerte, que le cambió la vida al enamorarse de ti, pero tú y yo
sabemos que no es así. Soy yo la que realmente tuvo mucha suerte de
conocerte, de que entraras en mi vida, de que te convirtieras con el
tiempo en mi hermana, tal vez no de sangre, pero sí de confidencias,
de risas, de ratos de charla, de ir de compras y pasarnos toda la
tarde viendo modelitos... de tantos y tantos momentos únicos que
hemos vivido las dos juntas. Y es que sabes de sobra que te quiero
mucho y que siempre voy a estar ahí para lo que necesites. (La
abrazas también si quieres, esto es opcional, depende de ti).
¡Te quiero mucho, Ross!
Y, de todo corazón, te
quiero agradecer que hayas hecho feliz a mi hermano, porque mira que
es difícil hacerlo feliz, ¿eh? Siempre tan travieso, siempre tan
bicho, que tenía más peligro que Urdangarín jugando al monopoli. Y
es que mi hermano siempre ha sido muy rebelde, ya lo sabéis
prácticamente todos, vamos que a él le viene perfecta la canción
de Jeanette, la de soy rebelde porque el mundo me ha hecho así. Pero
Juanki, quiero que sepas que yo desde pequeña te he comprendido y te
he escuchado. Lo cierto es que os escucho a los dos, a ti y a Ross, y
siempre seguiré escuchando para saber todo lo que necesitáis, lo
que os hace falta y os daré mi consejo y mi opinión, aunque no me
la pidáis. Porque quiero estar ahí, en vuestros momentos buenos y
en los no tan buenos, siendo consejera y amiga, además de hermana y
de cuñada. Porque desde el fondo de mi alma, yo os digo que sois una
de las parejas más ejemplares que conozco. Una pareja de cine y no
por ser estrellas, que para mí lo son, sino por su glamour, por su
saber estar, por su encanto... una pareja perfecta, que nada ni nadie
podrá deshacer jamás.
Ross, Juanki, ¿qué
puedo decir de vosotros? Si tuviera que describiros, diría que sois
como dos piezas de un puzzle que encajan a la perfección, como dos
mitades de un mismo corazón, como esa estrofa que completa una
canción, como las dos agujas del reloj que van al mismo son, como
las dos alas sobre las que se sostiene un avión, como la coca cola y
el ron... y ya no hago más pareados, que los invitados se quedan
alelados.
Desde que os conocisteis,
hace ya trece años... ¡vaya trece! El número de la mala suerte y
anda que no se nota que os ha dado mala suerte, ¿eh? que os habéis
casado. ¡Te casaste, la cagaste! No, en serio, en todo este tiempo,
en estos trece años, a todos nos habéis demostrado que estáis
enamorados de los pies a la cabeza. Porque entre los dos habéis
superado momentos malos, habéis conseguido pasar las adversidades,
os habéis reído, habéis llorado, os habéis besado, habéis fo...
(pausa) formado una buena relación, habéis dado sentido a
vuestras vidas, habéis llenado de felicidad los huecos en los que
antes había tristeza. El mejor viaje que habéis hecho de todos ha
sido hacia la felicidad, un camino que espero que nunca dejéis.
Pues, os convertisteis en aventureros y decidisteis descubriros el
uno al otro, conquistando tierras extrañas y logrando que se
aproximaran vuestros dos mundos, tan distintos, tan iguales, porque
os completáis el uno al otro y, al mismo tiempo, mostráis dos
formas estupendas de ver la vida.
Claro que eso ha sido en
vuestra etapa de novios, pero ahora... ahora llega el matrimonio, ¡ay
el matrimonio! Ese vínculo sagrado. ¡Cuántos de los presentes
querrían estar solteros de nuevo! ¿Eh? Y no miro a nadie, que luego
todo se sabe. Sin embargo, hoy os casáis felices, y yo me
pregunto... ¿por qué?
No, de verdad, vuestro
amor impregnará vuestro matrimonio en todo momento, yo lo sé,
vosotros dos los sabéis y todos los invitados también lo saben.
Espero que nunca perdáis la pasión, las ganas de veros, de besaros,
de amaros, que jamás os deis de lado, que siempre seáis lo primero
el uno para el otro... bueno, si me queréis poner a mí en primer
lugar tampoco pasa nada, que para eso os estoy haciendo este pedazo
de brindis, que esto ya vale para compensaros por todo lo malo que os
pueda hacer en el futuro.
Y es que el matrimonio
tiene muchas cosas buenas, muchas. (Pausa) Ahora no se me
ocurre ninguna, pero seguro que las vais descubriendo por vosotros
mismos cada día. Bueno, ahora que pienso, una cosa no buena, sino
maravillosa, que tiene el matrimonio es que podéis vivir juntos...
ah no, que ya vivíais juntos. Aunque también el matrimonio os
permite intimar cada vez que queráis, aunque supongo que eso también
lo teníais ya, ¿no? Espero que lo tuvierais, por vuestro bien. No,
pero en serio, el matrimonio os aporta algo que no podéis tener sin
estar casados, sí, efectivamente, las alianzas. Eso era lo único
que os faltaba y que ahora tenéis, mirad que bonitas son.
Yo, personalmente, desde
mi sentimiento más puro, solo quiero deciros que he sido un testigo
privilegiado de vuestra bella historia de amor, vamos como si hubiera
estado en primera fila en un concierto de Antonio Orozco. Y que ser
partícipe de todo ese cariño, de todo ese amor, de toda esa dulzura
ha sido... un poquillo pasteloso, que os demostráis que os queréis
a todas horas.
Pero eso es lo bueno de
vosotros. Yo creo que el punto fuerte de vuestro matrimonio va a ser
que os conocéis muy bien, que sabéis como piensa el otro con tan
solo miraros, que enseguida adivináis lo que quiere uno de vosotros.
¡Qué difícil es conseguir eso! Esa empatía, ese nexo, esa
telepatía que con solo miraros los ojos, ya sabéis lo que os pasa.
Y eso solo sucede cuando uno está enamorado de verdad, como os pasa
a vosotros.
Y
ahora, antes de terminar ya, por fin, de dejar de acaparar el
protagonismo y también de dejar de pasar nervios por culpa de estos
dos personajes. Quiero decir unas palabras de agradecimiento, pero no
para los novios sino para todos los invitados. Para mis padres, por
darnos la vida a nosotros tres, para los padres de Ross, por tener
una hija tan maravillosa, para nuestros familiares y nuestros amigos,
que hoy han querido acompañarnos en este momento tan especial, que
han venido, que se han puesto guapos y guapas, que han sido
puntuales, que se lo están pasando en grande y que ahora solo les
queda una cosa: ¡soltar la pasta! Pero no precisamente los
macarrones. De verdad, muchas gracias por ser parte de este momento,
muchas gracias a todos los que esta noche han querido acompañarnos
en el enlace de Ross y de Juanki, y en mi brindis tan especial.
Muchas gracias.
Y a
vosotros dos, intrépidos viajeros, solo me queda desearos una vida
plagada de felicidad, que se cumplan vuestros sueños y que siempre
sigáis juntos, como hasta ahora habéis hecho, como si fuerais dos
maravillosos compañeros de viaje que van de un lugar a otro, que
viven miles de aventuras, que conocen infinitos lugares con encanto,
que no fijan un destino, sino que disfrutan de la compañía y del
rumbo, porque mientras vosotros dos estéis juntos, todos los viajes
que hagáis seguro que se convierten en increíbles lunas de miel,
como la que vais a hacer, ¿eh pillines? Que ya sabemos todos que os
vais a los Estados Unidos, a visitar Nueva York, a conocer Los
Angeles, a ver Las Vegas... que no se os ocurra apostar mucho, ¿eh?
Y si apostáis y ganáis mucho dinero, acordaos de mí, esta pobre
hermanita que os hizo un brindis tan bonito y tan emotivo.
Me
despido con estos versos, que espero que os gusten y que os llenen de
alegría:
Comienza hoy el viaje de
vuestras vidas,
Ross y Juanki, unidos en
un solo corazón.
Dos aventureros
afortunados son,
pues se adentran en sendas
desconocidas,
en las que solo habrá una
única conclusión:
la felicidad, que será
vuestra satisfacción.
Juanki y Ross, ya no habrá
más idas y venidas,
ahora formáis parte de un
viaje lleno de pasión.
En este momento habéis
saltado de un avión
rumbo al matrimonio,
¡abrid los paracaídas!
Ross
y Juanki empieza la expedición.
¡sentíos
muy contentos por esta preciosa unión!
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