ADOLESCENTES
-Y
nada más existió hasta el próximo tren.- Terminó de decir Jorge,
mientras la linterna le seguía iluminando su rostro.
Varias
chicas se abrazaban entre ellas, asustadas. Algunos chicos se hacían
los valientes, haciendo chistes. Yo también sentí un escalofrío.
No por lo que acababa de escuchar, sino porque notaba la mano de
Carlos rozando suavemente la mía, bajo mi manta. Descubrir aquella
emoción era como una montaña rusa. Mi cuerpo entero se decantaba
por abalanzarme sobre él y besarlo. Pero qué pensarían los demás.
Yo...
-Antonio,
ahora te toca a ti.
Y
entonces me pasaron la linterna.